Las ventanas de la casa son una fuente impredecible de nuevos espectáculos que la naturaleza nos prepara caprichosamente. Un sol al rojo vivo, una luna gigantesca, nevadas espectaculares… y este arcoíris, por ejemplo. Fue al atardecer de un día indeciso, donde sol y lluvia pelearon por el dominio supremo del cielo sin nunca darse cuartel. Al final, todo terminó con un armisticio, cuyo anuncio quedó plasmado aquí para la historia.

Octubre 19, 2008 a las 2:40 pm |
Estimadísimos Marjory y Miguel,
quisiera referirme al fino uso del castellano que hace Miguel, testimonio de una bien asentada cultura. Para concluir uso la misma expresión de Marjory para un texto mío: chapeau!