Mayo 31, 2008
… la gaviota se mantuvo estática, sobre el fondo dorado del lago en el atardecer. Afortunadamente, nunca se movió, como esperando que me diera cuenta de la gran oportunidad que me ofrecía. Por simple azar me arrodillé y al voltear la cabeza hacia donde se encontraba, la foto se reveló finalmente a mi imaginación un poco adormilada.
No fui yo, fue ella y les aseguro que se lo agradezco.

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Escrito por matoroa
Septiembre 8, 2007

Su extensión y la rutina diaria hacen olvidar a veces el carácter insular de Montreal. Una gaviota que revolotea en busca de alimento o ver el agua aparecer entre los árboles, me devuelven la agradable realidad del entorno donde vivo.
Cuando el recuerdo se asoma de nuevo, siempre me alegra de forma especial y confieso, sin el menor dejo de remordimiento, que imagino vivir las historias de Twain o Stevenson tal como lo hacía de niño cuando su lectura y relectura tanto me divertían…y entonces deseo que sea el fin de semana para tomar la bicicleta e ir a la costa más cercana en Cap-Saint-Jacques, disfrutar de esas masas de aguas tranquilas con nombres evocadores, como el Lago de las Dos Montañas o El río de las Praderas y finalmente pensar que me hallo realmente aislado, separado del continente, por enormes y protectoras corrientes.
Imagino también, la ciudad como una inmensa fortaleza con su desmesurada mazmorra, El Monte Real; sus largos puentes, que convierto en levadizos y el San Lorenzo junto al Río de las Praderas, su descomunal foso inundado que la hace prácticamente inexpugnable…
…Levanto los ojos y veo un avión pasar. Seguro que va al aeropuerto. Ah, que lástima: Montreal, la isla, ha sido tomada…otra vez.

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Escrito por matoroa